EL MEJOR CABO MORO DE LA HISTORIA DE ALCOY

Debería hablar de zapatos pero hoy mi mente tiene algo importante que contar.

Mi ciudad tiene historia. Una historia profunda hecha a base de mucho sentimiento intenso, desbocado, extravagante y extraordinario.

Nuestras fiestas patronales en honor a San Jorge recrean de forma artística la batalla que se libró en Alcoy, a finales del siglo XIII, entre moros y cristianos y que culminó con la reconquista cristiana de la ciudad. Es una representación teatral callejera espectacular, en movimiento. Abarca tres días con diferentes actos.

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Alcoy en fiestas. Calle San Nicolás.

Unas fiestas tan amadas como criticadas, imitadas y envidiadas.

Desde que finaliza la Semana Santa hasta que empiezan las fiestas de San Jorge, cada noche, hay una muestra de lo que será el día de las entradas, el primero de la trilogía festera; por ello las llamamos entraetes o filaetes. Dependiendo de varios factores, como los días disponibles y las escuadras participantes, esta representación se hace en la calle San Nicolás sólo o también en la calle San Lorenzo. Son escuadras guerreras con un cabo que van avanzando a ritmo de música en directo hasta llegar a La Bandeja (Plaza de España).

Cabo Contrabandista en Alcoy

Cabo Contrabandista de Alcoy

Cuenta la leyenda que el origen del movimiento de  las escuadras son los telares, la madre de la antigua industria textil alcoyana, de lado a lado. Ambos bandos difieren totalmente en su arte: el bando cristiano tiene un ritmo rápido, nervioso, audaz. El bando moro es de cadencia lenta, pausada, contenida.

Los cabos cristianos exhiben mucha fuerza y mucho dominio de la porra que manejan (o navaja en caso de la filà Contrabandistas, oficialmente Andaluces). Los cabos moros son contenidos con el sable, espirituales.

Escuadra mora en Alcoy

Escuadra mora alcoyana

El mejor cabo moro que he visto no lo olvidaré nunca. Te lo voy a contar como lo viví.

Esta es su historia, mi historia:

Calle San Nicolás un día entre semana, tarde, más de las once de la noche de un abril frío y con muy poca gente en la calle. Alrededor del año 2000. En la plaza Ramón y Cajal con La Glorieta a las espaldas, reunidos un número indecente de músicos con su ropa de calle  y sus instrumentos preparados, y una escuadra con todos los hombres vestidos con traje oscuro, camisa blanca y corbata; y su cabo con la cimitarra. Los timbales empezaron a sonar y ellos colocándose en formación, uno junto a otro, apretados codo con codo, en perfecta línea recta atravesando la calle y marcando el paso, izquierda, derecha, izquierda, derecha, en movimiento de telar. Y muy lentamente empezaron a avanzar.

Habían recorrido media calle San Nicolás, pasada ya la intersección con La Cordeta y las aceras cada vez estaban más llenas de gente. Yo me encontraba en la acera subiendo a la izquierda. La escuadra estaba parada, balanceándose de izquierda a derecha y los timbales resonando hasta La Bandeja. El cabo estaba ahí de pie, delante de su escuadra, con su cuerpo siguiendo el movimiento pero sin mover los pies del sitio y sin mover el sable que tenía bajado, casi rozando el suelo. Entonces la marcha mora empezó a elevarse con fuerza, una banda entera de músicos para una escuadra de hombres trajeados elegantes a rabiar. La música subió y subió pero ahora el cabo estaba sin moverse, SIN MOVERSE, y la escuadra sin avanzar. Y en el momento culminante con todo el público ansioso y la música en su cima, el cabo, aún con el sable bajado, giró las dos palmas hacia arriba, rendido, sonriente, donando su alma, su corazón y su escuadra a toda la gente que estábamos allí. No hizo falta más. Todos empezamos a aplaudir como locos. No se había movido del sitio ni había ofrecido el sable, pero la energía masculina que emanó de aquel gesto nos arrolló como una explosión invisible a todos los allí presentes. Y cuando bajó la música entonces el cabo se movió junto con su sable, nunca por encima de su cintura, y la escuadra empezó a bajar con él hasta La Bandeja.

 

Magia. Masculinidad en estado puro.

 

La filà era Marrakesch y el cabo no sé su nombre sin embargo tengo su rostro, su sonrisa, sus gestos y sus movimientos marcados a fuego en mi mente. En mi mente demente.

Filá Mirons con todos los seres expectantes.

Filá Mirons con todos los seres expectantes.

Fiestas de moros y cristianos de Alcoy en honor a San Jorge. #MICAlcoi18

Yo soy Gema Vicedo y Ella es Gabriel.

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